497. El Cble Rotador. Un desafío estructural y Ecográfíco.

El cable rotador: anatomía, biomecánica e identificación ecográfica

Una estructura fundamental del manguito rotador que debemos conocer

Cuando realizamos una ecografía de hombro, dedicamos gran parte de nuestra atención a estudiar los tendones del manguito rotador, especialmente el supraespinoso y el infraespinoso. Sin embargo, existe una estructura anatómica que desempeña un papel fundamental en la biomecánica del hombro y que, en ocasiones, pasa desapercibida durante nuestra exploración: el cable rotador (rotator cable).

Conocer su anatomía, su disposición y su relación con los tendones del manguito puede ayudarnos a comprender mejor la distribución de las fuerzas que actúan sobre el hombro, así como el comportamiento de determinadas roturas tendinosas.

Hoy quiero explicaros qué es el cable rotador, dónde se encuentra y cómo podemos intentar identificarlo ecográficamente.

¿Qué es el cable rotador?

El cable rotador es un engrosamiento fibroso de la región profunda del manguito rotador, relacionado anatómicamente con la prolongación posterior del ligamento coracohumeral.

Se dispone formando una banda arqueada que atraviesa la cara profunda del tendón supraespinoso y se extiende hacia la región del infraespinoso. Siempre estudiamos en dos proyecciónes.

Eje Largo:

Su orientación es aproximadamente perpendicular a las fibras longitudinales de estos tendones.

Esta disposición anatómica es especialmente importante porque permite que el cable actúe como un elemento de transmisión y distribución de cargas dentro del manguito rotador.

Eje Corto:

Y debemos medir:

Medidas ecográficas del cable rotador

Una de las cuestiones más interesantes cuando intentamos identificar el cable rotador es conocer sus dimensiones y su localización respecto a la inserción del supraespinoso.

En un estudio ecográfico realizado sobre 108 hombros asintomáticos, Morag y colaboradores describieron un grosor medio de 1,86 mm, una anchura media de 11,5 mm y una distancia media de 8,9 mm respecto al troquíter.

Por su parte, Orlandi y colaboradores estudiaron 45 hombros, describiendo diferencias entre los grupos analizados. En el grupo de pacientes jóvenes, el cable presentaba un grosor de 1,3 ± 0,1 mm y una anchura de 5,6 ± 1,1 mm, mientras que en el grupo de mayor edad las medidas fueron de 1,2 ± 0,1 mm y 4,2 ± 1,4 mm, respectivamente.

Estos datos nos permiten comprender que el cable rotador es una estructura fibrosa relativamente pequeña, cuya identificación ecográfica exige una excelente resolución espacial, una correcta orientación del transductor y un conocimiento preciso de la anatomía profunda del manguito rotador.

Las medidas publicadas son referencias descriptivas de las poblaciones estudiadas, no valores diagnósticos universales.

Su localización y sus dimensiones pueden variar entre individuos, y las diferencias entre estudios hacen especialmente importante conocer cómo se ha definido y medido la estructura.

El cable rotador no debe confundirse con el intervalo rotador, que es la región anatómica situada entre los tendones supraespinoso y subescapular, donde encontramos estructuras como el tendón de la porción larga del bíceps, el ligamento coracohumeral y el ligamento glenohumeral superior.

Aunque existe una relación anatómica entre algunas de estas estructuras, hablamos de regiones diferentes.

El cable rotador y la media luna rotadora

Para comprender su función, debemos conocer también otra estructura: la media luna rotadora (rotator crescent).

La media luna rotadora corresponde a una región relativamente delgada del manguito, situada lateralmente al cable rotador, entre este y la inserción tendinosa en la tuberosidad mayor del húmero.

Por tanto, podemos distinguir dos componentes relacionados:

  • Cable rotador: banda fibrosa relativamente gruesa y resistente que distribuye las cargas.
  • Media luna rotadora: región tendinosa lateral, más delgada, que transmite las fuerzas hacia la inserción humeral.

Esta organización tiene una gran importancia biomecánica.

La teoría del puente colgante

En 1993, Burkhart y colaboradores describieron la relación entre el cable rotador y la media luna rotadora utilizando una comparación muy ilustrativa: el modelo del puente colgante (suspension bridge).

En este modelo, el cable rotador se comporta de forma semejante al cable principal de un puente, mientras que la media luna rotadora representa la estructura sobre la que se distribuyen las tensiones.

Gracias a esta organización, parte de las cargas que soporta el manguito pueden redistribuirse a través del cable rotador.

Esto ayuda a explicar por qué algunas roturas tendinosas, especialmente las que afectan a la media luna rotadora pero respetan la continuidad funcional del cable, pueden presentar una repercusión biomecánica diferente de aquellas que comprometen el propio cable.

No todas las roturas del manguito rotador tienen el mismo comportamiento funcional, aunque su extensión anatómica pueda parecer similar.

Es importante recordar, sin embargo, que la integridad del cable no garantiza por sí sola una función normal del hombro. El resultado depende también de la localización y extensión de la lesión, la calidad tendinosa, la musculatura y otros factores.

¿Dónde encontramos el cable rotador ecográficamente?

Desde el punto de vista ecográfico, debemos buscarlo en la región profunda del manguito rotador, especialmente en relación con el tendón supraespinoso.

En condiciones favorables, puede identificarse como una banda fibrilar relativamente hiperecogénica, próxima a la superficie articular del tendón.

Su disposición transversal u oblicua respecto a las fibras tendinosas puede ayudarnos a diferenciarlo de la arquitectura longitudinal habitual del supraespinoso.

No obstante, su visualización depende de varios factores:

  • La constitución anatómica del paciente.
  • La calidad y resolución del equipo.
  • La frecuencia del transductor.
  • La orientación del haz de ultrasonidos.
  • La correcta colocación del hombro.
  • La presencia de alteraciones tendinosas asociadas.

No siempre conseguiremos identificar el cable rotador con claridad, y debemos evitar interpretar como tal cualquier línea hiperecogénica profunda del tendón.

En los estudios que estuvimos revisando sobre el cable rotador en hombros sanos o asintomáticos, hay diferencias importantes tanto en las medidas como en la frecuencia con la que se consigue identificar mediante ecografía.

Estos son los datos que habíamos recogido:

ParámetroMorag (2012)Orlandi (2012)
Hombros estudiados10845
Cable identificado≈99 %16/45 (35,6 %)
Grosor1,86 mm1,2–1,3 mm
Anchura11,5 mm4,2–5,6 mm
Distancia al troquíter8,9 mmNo establecida en nuestros datos

Técnica ecográfica: cómo intentar identificarlo

Para estudiar esta región, podemos utilizar las posiciones habituales de exploración del supraespinoso.

1. Posición CRASS

La posición CRASS permite exponer el tendón supraespinoso y facilita su evaluación ecográfica.

Desde esta posición, comenzamos identificando el tendón, su inserción en la tuberosidad mayor y la superficie articular.

Una vez reconocida su anatomía, podemos realizar barridos sistemáticos y buscar la banda fibrosa profunda correspondiente al cable rotador.

2. Posición CRASS modificada

La CRASS modificada constituye otra alternativa para explorar el supraespinoso para intervalo rotador y la relación con el cable rotador.

La elección entre ambas posiciones dependerá de la movilidad del paciente, su tolerancia y la calidad de la ventana acústica obtenida y nuestro objetivo, siendo siempre complementarias.

Es importante recordar que la posición del hombro modifica la orientación y tensión de las estructuras tendinosas, por lo que debemos adaptar la insonación para conseguir una imagen adecuada.

3. Identificación de las referencias anatómicas

Durante la exploración debemos reconocer:

El tendón supraespinoso, con su arquitectura fibrilar característica.

La superficie articular, que delimita la región profunda del tendón.

La tuberosidad mayor del húmero, como referencia ósea de inserción.

La región del cable rotador, donde intentaremos identificar la banda fibrosa que atraviesa la cara profunda del manguito.

La exploración debe realizarse mediante pequeños movimientos de traslación, angulación y rotación del transductor.

Siempre que sea posible, conviene comprobar la estructura en más de un plano.

Un aspecto técnico fundamental: la anisotropía

La anisotropía es uno de los fenómenos que más pueden dificultar la interpretación ecográfica de los tendones.

Cuando el haz de ultrasonidos no incide con una orientación adecuada respecto a las fibras, estas pueden perder ecogenicidad y adquirir un aspecto artificialmente hipoecogénico.

Esto puede modificar la apariencia del supraespinoso y dificultar la diferenciación de sus componentes profundos.

Por ello, antes de identificar una estructura o interpretar una alteración, debemos optimizar la perpendicularidad del haz y comprobar si su aspecto cambia con pequeñas modificaciones de la insonación.

La optimización de la imagen es tan importante como el conocimiento anatómico.

¿Por qué es importante conocer el cable rotador?

Desde mi punto de vista, estudiar esta estructura tiene tres grandes ventajas.

Primera: mejorar nuestro conocimiento anatómico.

Nos ayuda a comprender que el manguito rotador no es simplemente un conjunto de tendones independientes, sino una estructura funcional compleja con conexiones fibrosas que participan en la transmisión de fuerzas.

Segunda: comprender mejor determinadas roturas tendinosas.

La relación entre el cable y la media luna rotadora puede ayudar a explicar por qué algunas lesiones presentan comportamientos funcionales diferentes.

Tercera: perfeccionar nuestra exploración ecográfica.

Buscar el cable rotador nos obliga a prestar atención a la región profunda del supraespinoso, a optimizar la insonación y a reconocer con mayor precisión la arquitectura del manguito.

Eso sí, su identificación aislada no sustituye una valoración completa del tendón ni permite establecer por sí sola la repercusión funcional de una lesión.

Mi recomendación

La próxima vez que realices una ecografía de hombro, dedica unos minutos a estudiar la región profunda del supraespinoso.

Utiliza las posiciones CRASS y CRASS modificada, identifica las referencias anatómicas y realiza pequeños barridos intentando reconocer la disposición del cable rotador.

No te limites a buscar alteraciones tendinosas. Intenta comprender también cómo están organizadas las estructuras que estás explorando.

Porque cuanto mejor conocemos la anatomía, mejor interpretamos las imágenes.

Y recuerda una cuestión fundamental:

El cable rotador es una estructura de refuerzo y transmisión de cargas del manguito rotador, cuya importancia va mucho más allá de su apariencia ecográfica.

¿Lo has identificado alguna vez?

Me gustaría conocer vuestra experiencia.

¿Buscáis habitualmente el cable rotador durante la exploración ecográfica del hombro?

¿Conseguís identificarlo con facilidad o es una estructura que os resulta difícil de reconocer?

Os leo en los comentarios.


Bibliografía

Burkhart SS, Esch JC, Jolson RS. The rotator crescent and rotator cable: an anatomic description of the shoulder’s suspension bridge. Arthroscopy. 1993;9(6):611–616.

Clark JM, Harryman DT II. Tendons, ligaments, and capsule of the rotator cuff. Gross and microscopic anatomy. Journal of Bone and Joint Surgery American. 1992;74(5):713–725.

Burkhart SS. Reconciling the paradox of rotator cuff repair versus debridement: a unified biomechanical rationale for the treatment of rotator cuff tears. Arthroscopy. 1994;10(1):4–19.


Antonio Lanzas Carmona
Ecografía Fácil

496. Estudio de la Cola de Páncreas. Acceso Hipocondrio Izquierdo.

Una ventana acústica que merece la pena conocer

El páncreas es uno de los órganos más difíciles de estudiar mediante ecografía abdominal. Su situación anatómica profunda, su relación con múltiples estructuras abdominales y, especialmente, la presencia de gas gastrointestinal pueden dificultar considerablemente su visualización.

En muchas exploraciones conseguimos identificar correctamente la cabeza y el cuerpo pancreáticos, pero tenemos dificultades para completar el estudio de la cola.

Hoy quiero enseñarte un acceso que considero especialmente útil: la exploración de la cola pancreática desde el hipocondrio izquierdo, utilizando el bazo como ventana acústica.

Es una proyección que podemos incorporar a nuestro protocolo habitual y que, en determinadas circunstancias, nos permite obtener información que no conseguimos mediante el acceso anterior.

¿Por qué es tan difícil explorar el páncreas?

El páncreas es un órgano fundamentalmente retroperitoneal, situado por detrás del estómago y relacionado con numerosas estructuras vasculares y digestivas.

La presencia de gas en el estómago y el intestino puede interponerse entre el transductor y el parénquima pancreático, dificultando la transmisión del ultrasonido.

En condiciones habituales, el páncreas presenta una ecoestructura relativamente homogénea, con una ecogenicidad variable, frecuentemente igual o superior a la del hígado.

Una de nuestras referencias anatómicas fundamentales es la vena esplénica, que discurre por detrás del cuerpo y la cola pancreáticos.

Esta vena se une a la vena mesentérica superior, por detrás del cuello del páncreas, para formar la vena porta.

Reconocer estas relaciones anatómicas nos ayuda a identificar correctamente el órgano durante la exploración.

La cola pancreática: nuestro principal desafío

Cuando realizamos una ecografía abdominal, en ocasiones necesitamos estudiar el páncreas por segmentos: cabeza, cuerpo y cola.

La cola se dirige hacia el lado izquierdo del abdomen, aproximándose al hilio del bazo.

Precisamente por su posición, puede quedar parcialmente oculta por el gas gastrointestinal, incluso cuando hemos conseguido estudiar correctamente el resto de la glándula.

Aquí es donde entra en juego un acceso complementario muy interesante.

Acceso desde el hipocondrio izquierdo: el bazo como ventana acústica

Cuando exploramos el bazo desde el hipocondrio izquierdo, habitualmente utilizamos una ventana intercostal o subcostal para estudiar su tamaño, contornos y ecoestructura.

Pero quiero que, a partir de ahora, prestes atención a las estructuras que lo rodean.

Cerca del hilio esplénico podemos identificar la cola del páncreas, que suele presentar una ecoestructura homogénea y relativamente hiperecogénica.

En esta región también encontramos el riñón izquierdo, situado más profundamente.

Mi propuesta es muy sencilla: antes de estudiar estas estructuras por separado, intenta reconocerlas como un conjunto anatómico.

Bazo, cola pancreática y riñón izquierdo.

Tres estructuras relacionadas espacialmente que pueden ayudarnos a comprender mejor la imagen ecográfica.

¿Cómo realizamos la exploración?

1. Comenzamos con el estudio habitual del bazo.

Colocamos el transductor en el hipocondrio o flanco izquierdo, buscando una ventana acústica adecuada, habitualmente intercostal.

Identificamos el parénquima esplénico y orientamos el corte hacia su hilio.

2. Localizamos el riñón izquierdo.

Nos servirá como referencia anatómica profunda y nos ayudará a orientarnos espacialmente.

3. Buscamos la cola pancreática.

Dirigimos nuestra atención hacia la región próxima al hilio esplénico, donde podemos encontrar una estructura glandular de ecotextura homogénea, habitualmente más ecogénica que el parénquima renal.

4. Ajustamos la insonación.

Realizamos pequeños movimientos de angulación, inclinación y barrido del transductor, modificando ligeramente la oblicuidad para conseguir el mejor plano de visualización.

Podemos complementar la exploración con cambios de posición del paciente y ajustes de profundidad, foco y ganancia.

5. Completamos el estudio.

Una vez identificada la cola pancreática, valoramos sus contornos, ecoestructura y relación con las estructuras vecinas, intentando explorarla en diferentes planos.

Si conseguimos reconocer la vena esplénica, esta nos aportará una referencia anatómica adicional.

¿Por qué recomiendo este acceso?

Porque nos ofrece una perspectiva diferente de una región anatómica que puede resultar difícil de explorar desde el epigastrio.

El bazo funciona como ventana acústica, facilitando en determinados pacientes la transmisión del ultrasonido hacia la región de la cola pancreática, marcada con línea discontinua.

Este abordaje puede ser especialmente útil cuando la presencia de gas impide una visualización satisfactoria desde la pared abdominal anterior.

Sin embargo, debemos recordar que no siempre será posible visualizar completamente la cola pancreática, incluso utilizando diferentes ventanas acústicas.

Por eso, considero que lo adecuado es combinar ambas aproximaciones siempre que resulte necesario.

La vía anterior y la vía lateral izquierda no son técnicas excluyentes, sino complementarias.

Mi recomendación

La próxima vez que realices una ecografía abdominal y estés estudiando el bazo, dedica unos segundos a explorar la región de su hilio y usa esta proyección:

Intenta identificar las tres estructuras:

  • Bazo, como ventana acústica.
  • Cola pancreática, próxima al hilio esplénico.
  • Riñón izquierdo, como referencia anatómica profunda.

Primero visualiza el conjunto. Después, individualiza cada estructura y realiza su exploración.

En las imágenes que acompañan esta publicación te muestro la colocación del transductor y la disposición anatómica que debemos reconocer.

Es una técnica complementaria que puede ayudarte a mejorar la evaluación de la cola pancreática dentro de tu protocolo de ecografía abdominal.

¿Habías utilizado alguna vez este acceso?

Si lo conocías y te ha dado buenos resultados, o si decides probarlo a partir de ahora, me encantará conocer tu experiencia.

¡Déjamelo en los comentarios!

Antonio Lanzas Carmona
Ecografía Fácil

495. Intervalo Rotador.

Proyección adecuada.

El intervalo rotador del hombro: anatomía, estabilidad y técnica ecográfica

El intervalo rotador es una región anatómica situada en la porción anterosuperior de la articulación glenohumeral, delimitada principalmente por el tendón del supraespinoso, superiormente, y el tendón del subescapular, inferiormente.

En esta región encontramos estructuras anatómicas de gran importancia, que podemos identificar en la imagen ecográfica:

  1. Tendón de la porción larga del bíceps braquial.
  2. Ligamento coracohumeral.
  3. Ligamento glenohumeral superior.
  4. Tendón del subescapular.
  5. Tendón del supraespinoso.
EcoAnatomía

Superficialmente identificamos el músculo deltoides y, en profundidad, la cabeza humeral, su revestimiento cartilaginoso y las estructuras articulares.

Importancia biomecánica

El intervalo rotador participa de manera fundamental en la estabilidad pasiva del hombro, especialmente mediante el complejo ligamentoso formado por el ligamento coracohumeral y el ligamento glenohumeral superior.

Además, estos ligamentos, junto con fibras del subescapular y del supraespinoso, contribuyen a constituir el sistema de polea bicipital (biceps pulley), fundamental para mantener la estabilidad de la porción larga del bíceps braquial durante los movimientos del hombro.

Exploración ecográfica: posición de Crass modificada

Para estudiar ecográficamente el intervalo rotador utilizamos la posición de Crass modificada, siendo imprescindible una colocación precisa del brazo y una adecuada orientación de la sonda.

Crass y Crass Modificada

La exploración debe comenzar con un corte longitudinal, buscando el intervalo rotador y la confluencia de las diferentes estructuras tendinoligamentosas que lo conforman, junto con las referencias anatómicas del músculo deltoides, la articulación glenohumeral, el cartílago articular y la cabeza humeral.

A partir de esta proyección longitudinal inicial, debemos oblicuar ligeramente la sonda, realizando pequeños ajustes hasta conseguir una representación adecuada del complejo tendinoligamentoso, como podemos observar en la imagen.

¿Qué ocurre cuando realizamos incorrectamente la posición de Crass modificada?

Una posición de Crass modificada realizada incorrectamente, especialmente cuando abrimos excesivamente el codo hacia externo, modifica la rotación de la cabeza humeral y provoca que esta pueda ocultar parcialmente el intervalo rotador, dificultando o impidiendo la correcta visualización del complejo ligamentoso.

Mal y Bien

En el vídeo podemos observar cómo una apertura excesiva del codo modifica la ventana ecográfica y provoca que el intervalo rotador vaya quedando oculto por la cabeza humeral.

Por eso, es fundamental mantener una posición de Crass modificada estricta y realizar una proyección ecográfica precisa.

Una correcta exploración ecográfica no depende únicamente de la calidad del equipo o de la sonda utilizada, sino también del conocimiento anatómico, del posicionamiento del paciente y de la precisión técnica del explorador.

494. Red Flag Ecográfico.

Exploración ecográfica del codo: cara anterior.

En el protocolo habitual de exploración ecográfica del codo existe un hallazgo que considero una línea roja: una banda o lengüeta anecoica por delante del cartílago articular, que se prolonga hacia el receso anterior.

Esta imagen puede corresponder a líquido intraarticular que distiende el receso anterior. Debemos diferenciarla del propio cartílago, que también presenta una apariencia hipoecoica o anecoica. Su localización por delante del cartílago no significa que el líquido esté fuera de la articulación.

¿Por qué hablar de una línea roja? Porque un posible derrame puede ser la pista de una patología intraarticular cuya causa todavía no hemos identificado. Detectar el líquido no equivale a explicar su origen.

Ante este hallazgo, debemos:

  • Confirmarlo en dos planos, definiendo su localización y extensión.
  • Documentarlo cuidadosamente, con imágenes representativas y referencias anatómicas claras.
  • Completar la exploración articular, valorando los demás recesos y las estructuras accesibles. PROTOCOLO.
  • Comunicarlo al radiólogo durante la exploración, para que lo interprete en el contexto clínico y decida si necesita pruebas complementarias.

Si la ecografía no permite identificar la causa, el hallazgo sigue teniendo valor y debe quedar bien registrado.

Esa es la línea roja: reconocer una imagen potencialmente relevante, documentarla y comunicarla para que el proceso diagnóstico continúe.

493. Calcios Migrados

Calcificaciones migradas en el hombro: un caso ecográfico espectacular

Hoy os traigo uno de los casos más bonitos y espectaculares que he visto durante todos los años que llevo haciendo ecografía.

Se trata de un caso de calcificaciones migradas en el hombro, localizadas en este caso junto al tendón de la porción larga del bíceps y la corredera bicipital.

Durante la exploración, al estudiar en eje corto la corredera bicipital, observamos el tendón del bíceps y, adyacente a él, una calcificación marcadamente hiperecogénica con una evidente sombra acústica posterior.

Hasta aquí, un hallazgo relativamente reconocible.

Pero lo verdaderamente espectacular aparece cuando decidimos continuar la exploración hacia distal, recorriendo sistemáticamente el tendón del bíceps a lo largo de la corredera bicipital y buscando como referencia distal la región del tendón del pectoral mayor.

Y ahí aparece la sorpresa.

Encontramos numerosas calcificaciones hiperecogénicas, redondeadas y muy bien definidas, distribuidas junto al tendón y la corredera bicipital. Prácticamente todas ellas generan una sombra acústica posterior extraordinariamente nítida.

El hallazgo resulta todavía más evidente cuando cambiamos al eje longitudinal, donde podemos apreciar con enorme claridad la sucesión de estas calcificaciones y su relación anatómica con el tendón del bíceps.

Este caso me parece especialmente interesante porque vuelve a recordarnos algo fundamental en ecografía:

Ejecutar el Protocolo entero.

Hay que seguir el tendón, recorrerlo completamente, cambiar de plano, buscar referencias anatómicas y explorar más allá de la región inicialmente sintomática.

Los hallazgos relevantes o las dudas,siempre documentar todo y comentar con el Radiólogo.

Mira:

Había observado calcificaciones migradas en otras ocasiones, pero sinceramente, nunca con esta cantidad, esta distribución y, sobre todo, con una imagen ecográfica tan espectacularmente definida.

El paciente presentaba además una clínica muy importante, con mucho dolor, perfectamente coherente con los hallazgos encontrados durante la exploración.

Es uno de esos casos que merece la pena guardar, estudiar y compartir.

Os dejo el vídeo de la exploración y varias imágenes de la adquisición, porque creo que es un ejemplo magnífico tanto desde el punto de vista clínico como docente.

Después de tantos años haciendo ecografía, todavía aparecen imágenes capaces de sorprenderme.

Y esta, sin duda, es una de ellas.

Espero que disfrutéis del caso tanto como he disfrutado yo explorándolo y analizándolo.

Muchas gracias por estar ahí y seguir aprendiendo ecografía conmigo.

Espero que te guste mucho, a ti. Sobre todo,a ti.

492. Ancho de Banda

Mira:

Frecuencia y ancho de banda en ecografía: dos conceptos fundamentales para optimizar la imagen

La frecuencia es uno de los parámetros más importantes en ecografía y una de las primeras variables que debemos comprender cuando queremos obtener una imagen de calidad.

Desde el punto de vista físico, la frecuencia representa el número de ciclos que se producen por unidad de tiempo. En el Sistema Internacional se expresa en hercios (Hz), de manera que 1 Hz equivale a un ciclo por segundo. En ecografía diagnóstica trabajamos habitualmente con millones de ciclos por segundo, por lo que hablamos de megahercios (MHz).

Pero más allá de su definición física, lo realmente importante para el ecografista es comprender qué ocurre con nuestra imagen cuando modificamos la frecuencia.

Frecuencia, penetración y resolución

Existe una relación fundamental que debemos recordar durante cualquier exploración ecográfica:

A mayor frecuencia, mayor resolución y menor capacidad de penetración.

Por el contrario:

A menor frecuencia, mayor penetración, pero menor resolución.

Este equilibrio entre frecuencia, resolución y penetración condiciona continuamente nuestra forma de trabajar.

Cuando estudiamos estructuras superficiales, como un tendón, un nervio, la piel o determinadas estructuras vasculares, podemos utilizar frecuencias elevadas porque necesitamos una excelente resolución y la profundidad que debemos alcanzar es pequeña.

Sin embargo, cuando realizamos una exploración abdominal necesitamos alcanzar estructuras situadas a mucha mayor profundidad. En este caso tendremos que trabajar con frecuencias más bajas para conseguir suficiente penetración.

¿Qué es el ancho de banda de un transductor?

Una sonda ecográfica no trabaja necesariamente con una única frecuencia. Los transductores modernos pueden trabajar dentro de un rango de frecuencias, denominado ancho de banda.

Esto permite adaptar la frecuencia utilizada a las características de la exploración y, especialmente, a la profundidad de la estructura que queremos estudiar.

Pensemos, por ejemplo, en una exploración abdominal.

Podemos seleccionar un transductor convexo diseñado para trabajar con frecuencias relativamente bajas. Sin embargo, dentro del rango disponible de esa sonda podemos modificar la frecuencia dependiendo de las características del paciente.

En un paciente delgado, en el que las estructuras abdominales pueden visualizarse fácilmente, podremos utilizar una frecuencia relativamente más alta dentro del ancho de banda disponible. De esta manera aprovecharemos la mejor resolución que proporciona el aumento de frecuencia.

Por el contrario, en un paciente con un mayor espesor de tejido que atravesar necesitaremos aumentar nuestra capacidad de penetración. Para conseguirlo tendremos que seleccionar una frecuencia más baja dentro del rango disponible en ese mismo transductor.

Este concepto es fundamental: no debemos utilizar automáticamente una frecuencia determinada simplemente porque estemos realizando un estudio abdominal, musculoesquelético o vascular. La frecuencia debe adaptarse a la profundidad real de la estructura y a las características del paciente.

La máxima que debemos recordar

Existe una regla práctica extraordinariamente importante en optimización de imagen:

Debemos utilizar la frecuencia más alta posible que nos permita visualizar correctamente toda la estructura que necesitamos estudiar.

No se trata simplemente de seleccionar la frecuencia más alta disponible en el equipo.

Se trata de encontrar la frecuencia más alta compatible con una penetración suficiente.

Si aumentamos excesivamente la frecuencia, podremos mejorar la resolución en las estructuras superficiales, pero perderemos información en profundidad. Si disminuimos demasiado la frecuencia, conseguiremos penetración, pero estaremos sacrificando innecesariamente resolución.

La optimización consiste precisamente en encontrar ese equilibrio.

Un ejemplo práctico: estudiar un tendón a 12 MHz o a 7 MHz

La diferencia puede comprobarse fácilmente cuando estudiamos estructuras pequeñas y superficiales.

En la imagen que acompaña este artículo podemos observar el tendón extensor común de los dedos en un corte axial a nivel de la muñeca, estudiado utilizando dos frecuencias diferentes.

En la imagen superior utilizamos aproximadamente 12 MHz.

En la imagen inferior utilizamos aproximadamente 7 MHz.

La diferencia es evidente.

A 12 MHz podemos identificar con mucha mayor claridad la estructura tendinosa y diferenciar mejor sus límites y su arquitectura interna.

Cuando reducimos la frecuencia hasta 7 MHz obtenemos mayor capacidad de penetración, pero en una estructura tan superficial esa penetración adicional no nos aporta ninguna ventaja. Al contrario, estamos sacrificando resolución y la identificación del tendón resulta considerablemente peor.

Este ejemplo demuestra perfectamente por qué no debemos utilizar frecuencias bajas cuando no necesitamos esa capacidad adicional de penetración.

Más frecuencia no siempre significa mejor imagen

Aquí debemos introducir un matiz importante.

Decir simplemente que “a mayor frecuencia, mejor imagen” no sería completamente correcto.

Una frecuencia elevada mejora potencialmente la resolución, pero únicamente será útil mientras tengamos suficiente penetración para alcanzar correctamente nuestra región de interés.

Por eso, una forma más precisa de expresarlo sería:

Aumentaremos la frecuencia todo lo posible mientras mantengamos una penetración adecuada de la estructura que queremos estudiar.

Ese pequeño matiz cambia nuestra manera de optimizar la imagen.

La frecuencia no debería seleccionarse únicamente en función del tipo de exploración. Debemos elegirla pensando en qué estructura queremos visualizar, a qué profundidad se encuentra y qué cantidad de tejido debe atravesar el haz de ultrasonidos para llegar hasta ella.

En ecografía, penetración y resolución mantienen un compromiso constante.

Y aprender a manejar ese equilibrio es una de las claves para obtener una imagen ecográfica de excelencia.

Vídeo Explicativo

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491. El Clutter o Flash Artifact.

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El Doppler de Excelencia.

Cuando realizamos una exploración ecográfica mediante Doppler, uno de los problemas más frecuentes aparece precisamente cuando intentamos observar aquello que más nos interesa: los flujos sanguíneos lentos y de muy baja velocidad.

En determinadas ocasiones observamos en la imagen señales Doppler que parecen vascularización, pero que no siguen una distribución anatómica coherente. Pueden aparecer como destellos, manchas o señales cambiantes que se desplazan con el movimiento de los tejidos. El ecografista puede interpretar inicialmente que existe flujo, cuando en realidad está observando una señal producida por el movimiento de estructuras que no forman parte del torrente sanguíneo.

Ese fenómeno recibe el nombre de Clutter y, cuando se manifiesta de forma especialmente evidente por movimiento, suele relacionarse con el denominado Flash Artifact. Por ejemplo la imagen de abajo, estoy seguro que te ha pasado, y que no sabías que estaba pasando.

Cuando el movimiento se convierte en una señal Doppler

El Doppler no sabe, por sí mismo, qué estructura está generando una señal.

El movimiento de los tejidos, de las paredes vasculares, del paciente e incluso de la propia sonda puede producir desplazamientos de fase que generan señales Doppler. Estas señales suelen caracterizarse por bajas frecuencias Doppler, pero una amplitud relativamente elevada.

La situación resulta especialmente interesante cuando la comparamos con la sangre. La sangre que circula lentamente también genera Doppler Shifts de baja frecuencia, pero la señal procedente de los hematíes puede ser mucho más débil.

Aquí encontramos uno de los grandes problemas del Doppler: el sistema debe intentar diferenciar una señal fuerte producida por movimiento tisular de una señal débil producida por sangre que se mueve lentamente.

Y ambas pueden ocupar una región similar del espectro Doppler.

Por tanto, el problema no consiste simplemente en detectar una señal. El verdadero desafío consiste en decidir qué señal debemos conservar y cuál debemos eliminar.

El papel del Wall Filter

Para intentar resolver este problema utilizamos el Wall Filter (WF).

El Wall Filter es, conceptualmente, un filtro de paso alto que permite eliminar determinadas componentes de baja frecuencia asociadas al movimiento tisular y al Clutter.

Cuando utilizamos un Wall Filter bajo, el sistema conserva una mayor cantidad de señales de baja frecuencia. Esto incrementa nuestra sensibilidad frente a determinados flujos lentos, pero también permite que aparezca una mayor cantidad de Clutter.

Por el contrario, cuando incrementamos el Wall Filter, conseguimos eliminar progresivamente muchas de esas señales de baja frecuencia.

Pero aquí aparece una de las trampas más importantes de la optimización Doppler:

el Wall Filter no sabe si una señal de baja frecuencia procede del movimiento tisular o de sangre circulando lentamente.

Por tanto, cuando aumentamos demasiado el WF para eliminar el Clutter, podemos estar eliminando simultáneamente flujo sanguíneo real. La gráfica lo explica muy bien.

Una imagen más limpia no siempre es una imagen mejor

Esta idea es fundamental para comprender la optimización Doppler.

Imaginemos una exploración en la que observamos una gran cantidad de señales de Flash Artifact. Aumentamos progresivamente el Wall Filter y, finalmente, el artefacto desaparece.

A primera vista parece que hemos conseguido mejorar la imagen.

Sin embargo, deberíamos hacernos una pregunta:

¿Hemos eliminado únicamente el ruido o también hemos eliminado información vascular?

Esta diferencia es esencial.

Una imagen Doppler extremadamente limpia no necesariamente representa una imagen con máxima sensibilidad. Claramente en las dos imagen de arriba, puedes ver como en la segunda, hemos eliminado señal Doppler verdadera. Compara tu mismo.

En determinadas aplicaciones clínicas, especialmente cuando buscamos microvascularización o flujos de muy baja velocidad, puede ser mucho más importante conservar las señales débiles que conseguir una imagen visualmente perfecta.

La relación entre PRF, Wall Filter y sensibilidad

Cuando buscamos flujo lento, la parametrización Doppler adquiere una importancia extraordinaria.

Un PRF bajo permite trabajar con velocidades Doppler más bajas y, por tanto, favorece la detección de desplazamientos Doppler pequeños.

El Wall Filter bajo permite conservar componentes de baja frecuencia que podrían corresponder a flujo lento.

Y la ganancia Doppler debe ajustarse cuidadosamente, buscando una sensibilidad elevada sin introducir un exceso de ruido.

En aplicaciones de vascularización inflamatoria y microvascular, las recomendaciones técnicas utilizadas en el ámbito de la EULAR (European Alliance of Associations for Rheumatology) han puesto precisamente el foco en esta optimización: PRF bajo, Wall Filter bajo y ganancia próxima al umbral de ruido, siempre adaptando los parámetros al equipo, al paciente y a la estructura estudiada.

Esto no significa que exista una configuración universal.

Significa exactamente lo contrario.

La parametrización Doppler debe adaptarse al objetivo clínico, paciente, patología y caso. En Ecografía siempre es así.

Y entonces aparece la microvascularización

Es precisamente en este punto donde adquieren interés las técnicas modernas de Microvascular Flow Imaging (MVFI) o microvascularización.

Aunque siguen siendo técnicas Doppler, su filosofía no consiste simplemente en bajar el PRF y reducir el Wall Filter.

El reto consiste en distinguir mejor el movimiento tisular del flujo sanguíneo débil mediante algoritmos avanzados de procesamiento de señal. Eso lo conseguimos con la Micro F, como ves en la imagen de arriba.

Dependiendo de la tecnología utilizada, estos algoritmos pueden analizar diferentes características de la señal en los dominios espacial, temporal y espectral, intentando separar el Clutter de las señales vasculares de baja amplitud.

Esto permite conservar señales que, con un Doppler Color o Power Doppler convencional, podrían quedar ocultas por el Clutter o ser eliminadas al aumentar excesivamente el Wall Filter.

La ventaja potencial de estas tecnologías aparece precisamente en situaciones en las que queremos observar vasos pequeños, perfusión periférica o vascularización de muy baja velocidad.

Una imagen vale más que mil palabras:

¿Qué vemos en las imágenes? Usando Power Doppler como ejemplo: En la imagen 1, con un WallFilter bajo, conservamos una elevada sensibilidad a las bajas frecuencias, pero observamos claramente Clutter o FlashArtifact.
Cuando llevamos el WallFilter a valores máximos, imagen 2, ese artefacto desaparece y obtenemos una representación Doppler aparentemente mucho más limpia y definida. El precio que pagamos es importante:

Doppler de excelencia

Por eso, conseguir una imagen Doppler de excelencia no consiste en utilizar siempre los mismos valores.

Consiste en comprender qué estamos intentando detectar y cómo responde cada parámetro de nuestro equipo.

Antes de comenzar una exploración debemos partir de un preset adecuado, pero después debemos ser capaces de modificarlo.

La profundidad, la frecuencia de la sonda, la escala, el PRF, el Wall Filter, la ganancia, la persistencia, la densidad de líneas, la frecuencia de imagen y otros parámetros pueden modificar sustancialmente nuestra capacidad para detectar flujo.

Y, sobre todo, debemos aprender a interpretar qué estamos viendo.

Porque una señal Doppler no siempre significa flujo.

Y la ausencia de señal Doppler tampoco significa necesariamente ausencia de vascularización.

El verdadero objetivo

El objetivo final no es obtener la imagen más bonita.

Tampoco es eliminar todo el Clutter.

El objetivo es obtener la máxima información vascular posible con la menor cantidad de información artefactual.

Ahí es donde comienza realmente el Doppler de excelencia.

Comprender el Clutter, conocer el comportamiento del Wall Filter y entender cómo las tecnologías de Microvascularización intentan resolver este problema nos permite dejar de utilizar el Doppler como una simple herramienta automática y empezar a utilizarlo como lo que realmente es:

un sistema de detección de señales que debemos aprender a controlar.

Porque en ecografía, como ocurre tantas veces, la calidad de la imagen no depende únicamente del equipo. Depende de cuánto conocemos sobre lo que estamos haciendo con él.

Imagen: SonoScape / 开立医疗

490. Abordaje insercional del Tendón del Bíceps en el Codo. La mirada cubital.

Inserción distal del tendón del bíceps: una proyección diferente

La inserción distal del tendón del bíceps en la tuberosidad radial es una de esas regiones en las que conseguir una buena imagen ecográfica puede resultar especialmente complicado.

El problema no es solamente localizar el tendón. El verdadero reto está en conseguir visualizar correctamente sus fibras hasta el footprint, evitando uno de nuestros principales enemigos en ecografía musculoesquelética: la anisotropía.

Tradicionalmente, las guías de exploración ecográfica han descrito un abordaje medial del antebrazo, utilizando como referencia anatómica la cabeza del radio y colocando el transductor prácticamente paralelo al eje longitudinal del antebrazo.

Como puedes observar en la primera imagen, con este abordaje convencional el tendón presenta un recorrido de superficial a profundo conforme se aproxima a la tuberosidad radial. Esto hace que las fibras más profundas pierdan progresivamente la perpendicularidad respecto al haz de ultrasonidos y aparezca anisotropía, precisamente en una de las regiones que más nos interesa estudiar: la inserción.

El resultado es una pérdida de nitidez que puede dificultar la valoración precisa de cómo llegan las fibras tendinosas hasta la cortical y, especialmente, el estudio completo del footprint de inserción sobre la tuberosidad radial del Codo.

Una alternativa: la proyección oblicua cubital

Existe otra forma de abordar esta inserción, ya descrita en la literatura y en diferentes técnicas de exploración, que personalmente me resulta mucho más eficiente y que me gusta denominar proyección oblicua cubital.

Partimos de una posición del transductor aproximadamente en el eje longitudinal del húmero y, desde ahí, realizamos una angulación oblicua hacia caudal, aproximadamente de 25–30°, aunque debemos entender estas cifras únicamente como una referencia.

No debemos obsesionarnos con un número exacto de grados. La anatomía y la imagen ecográfica son las que deben indicarnos cuándo hemos alcanzado el plano correcto.

En esta proyección debemos localizar el tendón distal del bíceps profundo a la cabeza humeral del pronador redondo y profundo también a la arteria braquial.

Cuando conseguimos una correcta orientación del transductor, el cambio respecto al abordaje convencional es evidente: podemos visualizar el tendón en su eje longitudinal, siguiendo sus fibras hasta la tuberosidad radial con una incidencia mucho más favorable del haz.

De esta manera reducimos considerablemente la anisotropía y conseguimos una representación mucho más nítida de la inserción.

Cabeza larga y cabeza corta: dos inserciones que podemos diferenciar

Esta proyección tiene además otra ventaja especialmente interesante: nos permite diferenciar los componentes de inserción correspondientes a la cabeza larga y a la cabeza corta del bíceps.

Aunque ambos componentes forman parte de un mismo complejo tendinoso distal y sus inserciones están estrechamente relacionadas, ecográficamente podemos reconocer diferencias entre ellas, especialmente cuando realizamos el estudio en eje longitudinal.

En la inserción correspondiente a la cabeza larga, podemos observar un ligero abombamiento o convexidad de la capa superficial del tendón a nivel de su footprint sobre la tuberosidad radial. En la imagen ecográfica este detalle está señalado mediante la flecha para facilitar su identificación.

La inserción correspondiente a la cabeza corta, por el contrario, presenta una configuración superficial más plana y rectilínea.

Estas diferencias pueden identificarse tanto en longitudinal como en transversal, aunque personalmente considero que el eje longitudinal permite comprender mucho mejor la diferente disposición de ambas inserciones.

¿Por qué me gusta especialmente esta proyección?

Porque conseguimos algo fundamental: controlar ecográficamente las fibras tendinosas hasta su inserción.

Una buena orientación del transductor permite mantener una incidencia mucho más adecuada del haz sobre las fibras, minimizar la anisotropía y visualizar con mucha mayor claridad todo el footprint de inserción del tendón distal del bíceps sobre la tuberosidad radial.

Si comparamos ambas imágenes, la diferencia resulta evidente.

El abordaje convencional puede permitirnos localizar y seguir el tendón, pero esta proyección oblicua cubital nos proporciona una representación mucho más favorable de su porción distal y, especialmente, de aquello que realmente queremos controlar: la continuidad y disposición de las fibras en su inserción sobre la tuberosidad radial.

Una pequeña modificación en la posición y angulación de nuestra sonda puede cambiar radicalmente la calidad de la información que obtenemos.

Y precisamente ahí está una de las claves de la ecografía: no basta con encontrar una estructura; tenemos que encontrar la proyección que mejor nos permita estudiarla.

489. LAS 3 SENSIBILIDADES DOPPLER

Explicación de su comportamiento físico.

Cuando trabajamos con Doppler, no todas las herramientas que tenemos disponibles detectan el flujo de la misma manera ni tienen la misma sensibilidad.

https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Doppler

Hoy entramos en conceptos de manejo medio-avanzado del ultrasonido. El vídeo es algo más largo de lo habitual, pero el tema lo merece. Quédate hasta el final porque entender estas diferencias puede cambiar nuestra forma de utilizar el Doppler.

1. DOPPLER COLOR — MOVIMIENTO Y VELOCIDAD

Empezamos por el Doppler Color.

El Doppler Color analiza principalmente el desplazamiento de frecuencia producido por los hematíes en movimiento. A partir de ese cambio de frecuencia podemos obtener información relacionada con el movimiento, la dirección y la velocidad del flujo.

Podemos considerarlo nuestro primer nivel de sensibilidad.

Pero ¿qué ocurre cuando el flujo es más débil o más lento?

2. POWER DOPPLER — POTENCIA DE LA SEÑAL

Aquí entra en juego el Power Doppler o Doppler Potencia, y el concepto cambia.

En este caso, lo que representamos fundamentalmente es la potencia de la señal Doppler recibida, no su velocidad. Esta potencia está relacionada, entre otros factores, con la cantidad de hematíes que están contribuyendo a generar esa señal.

Cuantos más hematíes contribuyen a la señal Doppler, mayor puede ser la potencia detectada.

Esto permite que el Power Doppler sea habitualmente más sensible que el Doppler Color para detectar señales de flujo débiles o lentas.

Subimos así a un segundo nivel de sensibilidad.

¿Y si queremos ir todavía más allá?

3. MICROVASCULARIZACIÓN — FLUJO LENTO Y GESTIÓN DEL CLUTTER

Llegamos a las técnicas de microvascularización.

Aquí uno de los grandes retos es diferenciar una señal procedente de sangre que circula muy lentamente de otra producida por el movimiento de los tejidos, lo que conocemos como clutter.

¿Por qué es complicado? Porque ambas pueden generar señales Doppler de baja frecuencia.

Las técnicas de microvascularización utilizan estrategias avanzadas de procesamiento para separar mejor ambas señales.

El objetivo es fundamental: eliminar el clutter intentando preservar la señal Doppler correspondiente al flujo sanguíneo de baja velocidad.

Esto nos permite aumentar nuestra capacidad para detectar flujos muy lentos y vascularización de pequeño calibre.

Llegamos así al tercer nivel de sensibilidad.

Entonces, ¿con cuál de las tres técnicas debemos quedarnos?

Con las tres.

1. Doppler Color → 2. Power Doppler → 3. Microvascularización.

No debemos entenderlas simplemente como tres formas diferentes de poner color en nuestra imagen. Son tres formas diferentes de analizar y representar la información Doppler, con distintos niveles de sensibilidad y posibilidades clínicas.

Y este concepto podemos aplicarlo prácticamente en cualquier territorio: tiroides, musculoesquelética, abdomen, vascular, partes blandas, testículo…

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Si tienes dudas sobre algún concepto de este post o sobre cualquier otro tema que quieras aprender, déjamelo en comentarios o escríbeme por privado. Estaré encantado de ayudarte.

#EcoTSID
#Ultrasonido #Doppler

488. Ecografía Tiroidea

Nódulos tiroideos, líneas rojas

Cuando realizamos una exploración ecográfica del cuello es relativamente frecuente encontrarnos, de manera intencionada o incidental, con lesiones nodulares tiroideas.

Y aquí comienza una parte fundamental de la ecografía: observar, y reconocer la semiología de la lesión que tenemos delante. Quédate hasta el final, te gustará.

En la imagen superior encontramos un ejemplo prácticamente paradigmático de lesión quística tiroidea con criterios ecográficos de benignidad.

Se trata de una lesión de contenido líquido, anecoica, homogénea, con márgenes lisos y perfectamente definidos, morfología regular y una adecuada transmisión del ultrasonido a través de su contenido.

Precisamente por esa escasa atenuación del haz al atravesar el líquido aparece otro signo ecográfico característico: el refuerzo acústico posterior, observándose una mayor ecogenicidad distal a la lesión.

En conjunto, estamos ante una imagen con una semiología ecográfica claramente tranquilizadora.

¿Y qué ocurre cuando la imagen cambia?

En la parte inferior encontramos una situación completamente diferente.

La lesión ya no presenta los criterios ecográficos característicos de un quiste simple y debemos analizarla cuidadosamente.

Cuando estudiamos un nódulo tiroideo debemos valorar sistemáticamente su composición, ecogenicidad, forma, márgenes y presencia de focos ecogénicos o calcificaciones.

Entre los hallazgos que incrementan la sospecha ecográfica se encuentran:

  • Composición predominantemente sólida.
  • Hipoecogenicidad, especialmente cuando es marcada.
  • Márgenes irregulares o lobulados.
  • Morfología más alta que ancha.
  • Presencia de focos ecogénicos puntiformes o microcalcificaciones.
  • Signos de posible extensión extratiroidea.

La presencia de uno o varios de estos hallazgos no significa automáticamente que estemos ante una lesión maligna. Significa que la lesión no presenta una semiología inequívocamente benigna y que debe ser correctamente caracterizada y estratificada mediante los sistemas establecidos para el estudio del nódulo tiroideo.

Además, debemos tener cuidado con algunas simplificaciones. Por ejemplo, una macrocalcificación aislada no implica necesariamente malignidad y debe interpretarse junto con el resto de las características ecográficas del nódulo.

La imagen inferior a la del quiste, es un claro ejemplo de un nódulo cuyos hallazgos ecográficos no concuerdan con una semiología benigna. Mira:

Ojo. Línea Roja.

Este concepto resulta especialmente importante cuando la ecografía cervical se realiza desde diferentes ámbitos profesionales.

Un fisioterapeuta, por ejemplo, puede estar explorando el cuello. Un anestesista puede estar realizando un procedimiento ecoguiado. Un médico de otra especialidad puede encontrarse incidentalmente con una lesión tiroidea, por supuesto un EcoTSID…

Y puede aparecer una imagen que genere dudas. Pasa mucho…

En esas situaciones nuestra responsabilidad es reconocer que existe un hallazgo que se aparta de la normalidad, documentarlo correctamente con imágenes ecográficas de calidad y solicitar su valoración por el especialista adecuado. Documentar siempre…

Y ahí tenemos una figura fundamental: el Radiólogo.

Ante cualquier duda sobre un hallazgo tiroideo incidental o sobre la semiología de un nódulo, debemos consultar con Radiología para que pueda realizarse su correcta caracterización, estratificación del riesgo y, cuando corresponda, establecer la necesidad de seguimiento, estudio citológico mediante PAAF u otras actuaciones.

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