El signo de la gaviota del tronco celíaco: una referencia anatómica imprescindible en ecografía
Cuando comenzamos a explorar el abdomen, uno de los primeros retos es orientarnos entre los grandes vasos. Existe un patrón anatómico que, una vez aprendido, resulta prácticamente imposible de olvidar: el signo de la gaviota.
Es uno de esos signos ecográficos que, además de resultar muy visual, nos permite comprender la anatomía vascular del abdomen superior de una forma sencilla e intuitiva. Una vez que somos capaces de reconocerlo, dejamos de buscar vasos aislados y empezamos a entender cómo se relacionan entre sí. Es, probablemente, una de las referencias anatómicas más útiles durante una exploración ecográfica abdominal.
Se trata de un signo ecográfico de normalidad, utilizado para identificar rápidamente el tronco celíaco y sus principales ramas. Recibe este nombre porque, al visualizar la bifurcación del tronco celíaco, la imagen recuerda claramente a una gaviota con las alas extendidas.
Comprendiendo la anatomía de la imagen
Antes de centrarnos en la gaviota, merece la pena detenerse unos segundos en toda la anatomía que aparece en este plano ecográfico. Una sola imagen nos ofrece una enorme cantidad de información anatómica.
Lo primero que observamos es el hígado, que ocupa prácticamente toda la porción superior de la imagen, situándose por encima del signo de la gaviota. Su parénquima presenta una ecogenicidad homogénea y una textura fina, actuando como una excelente ventana acústica, permitiendo visualizar con gran nitidez las estructuras vasculares situadas en profundidad.
En el lado derecho de la imagen aparece el bazo, ligeramente más ecogénico que el hígado. Aunque únicamente vemos una pequeña parte de él, su presencia resulta muy útil para comprender hacia dónde se dirige una de las ramas del tronco celíaco.
Si descendemos hacia la parte central de la imagen encontramos el auténtico protagonista: el tronco celíaco.
Este pequeño vaso nace directamente de la cara anterior de la aorta abdominal y apenas unos milímetros después se divide en sus ramas principales, originando la silueta que da nombre a este signo ecográfico.
La imagen recuerda perfectamente a una gaviota en vuelo.
El cuerpo de la gaviota corresponde al tronco celíaco.
Desde él parten las dos alas.
El ala situada a la izquierda de la pantalla corresponde a la arteria hepática común, que se dirige hacia el hígado para continuar posteriormente como arteria hepática propia, irrigando el hígado, parte del estómago, el duodeno y el páncreas.
El ala situada a la derecha de la pantalla corresponde a la arteria esplénica, que posteriormente recorrerá el borde superior del páncreas siguiendo su característico trayecto tortuoso hasta alcanzar el bazo.
Existe una tercera rama del tronco celíaco, la arteria gástrica izquierda, pero debido a su pequeño calibre y a la orientación de su trayecto, habitualmente no se identifica mediante ecografía convencional, motivo por el que la imagen clásica de la gaviota está formada únicamente por el tronco celíaco y estas dos grandes ramas.
Inmediatamente por debajo del tronco celíaco encontramos la aorta abdominal, auténtico eje vascular del abdomen. Se identifica fácilmente por sus paredes relativamente gruesas, su trayecto rectilíneo y su localización profunda, inmediatamente por delante de la columna vertebral.
A la derecha anatómica de la aorta —que, debido a la orientación ecográfica, corresponde a la izquierda de la pantalla— aparece la vena cava inferior. Es una estructura fácilmente diferenciable porque presenta una pared más fina, un aspecto más colapsable y un calibre que puede modificarse ligeramente con la respiración. Reconocerla evita confundir ambos grandes vasos durante la exploración.
En la parte más profunda de la imagen observamos la vértebra, que constituye uno de los mejores puntos de referencia anatómicos. La cortical ósea refleja completamente el haz de ultrasonidos, produciendo una intensa línea hiperecogénica seguida de una marcada sombra acústica posterior. Precisamente por delante de ella discurre la aorta abdominal.
Toda esta disposición anatómica mantiene siempre la misma organización: el hígado ocupa la parte superior de la imagen; la aorta discurre profundamente delante de la columna; la vena cava inferior se sitúa a la derecha anatómica de la aorta; del borde anterior de ésta nace el tronco celíaco, que rápidamente se divide en la arteria hepática común y la arteria esplénica, formando el característico signo de la gaviota.
Comprender esta disposición espacial es mucho más importante que memorizar nombres. Cuando entendemos cómo se relacionan estas estructuras, la exploración ecográfica resulta mucho más sencilla y lógica.
¿Cómo localizar el signo de la gaviota?
Siempre recomiendo comenzar localizando la aorta abdominal.
Es una estructura muy sencilla de identificar gracias a sus paredes ecogénicas, su trayecto prácticamente recto y su posición inmediatamente anterior a la columna vertebral.
Empieza localizando, subxifoidea, la Aorta y comienza a bajar por linea Alba, despacio, hasta encontrar «La Gaviota».
Esa rama corresponde al tronco celíaco.
A partir de aquí solo son necesarios pequeños movimientos de basculación o una ligera rotación de la sonda para visualizar cómo el vaso se divide rápidamente en dos ramas principales.
En ese momento aparece la silueta característica de la gaviota.
Un error muy frecuente consiste en mover excesivamente la sonda. En realidad, muchas veces basta con modificar unos pocos grados el ángulo de insonación para obtener la imagen perfecta.

¿Por qué es tan importante conocer este signo?
Reconocer el signo de la gaviota significa mucho más que identificar un vaso.
Significa haber encontrado uno de los principales puntos de referencia anatómicos del abdomen superior.
Desde este plano resulta mucho más sencillo localizar posteriormente la arteria mesentérica superior, la vena esplénica, la vena porta, la confluencia portoesplénica e incluso comprender mejor la disposición anatómica del páncreas.
Además, constituye una referencia imprescindible para realizar estudios Doppler, ya que permite colocar correctamente el volumen de muestra sobre el tronco celíaco y obtener mediciones fiables de velocidad y flujo.
También representa el punto de partida para la valoración del síndrome del ligamento arcuato medio (MALS), donde el análisis Doppler del origen del tronco celíaco durante la inspiración y la espiración adquiere una enorme importancia diagnóstica.
Errores frecuentes
Uno de los errores más habituales consiste en confundir el tronco celíaco con la arteria mesentérica superior.
La diferencia es sencilla si entendemos la anatomía.
El tronco celíaco es un vaso muy corto que prácticamente nace y se divide inmediatamente.
La arteria mesentérica superior, por el contrario, presenta un trayecto descendente mucho más largo antes de emitir sus ramas principales.
Otro error frecuente consiste en intentar obtener la imagen únicamente en un plano transversal. Aunque es posible visualizarla así, normalmente resulta mucho más sencillo comenzar con un plano longitudinal de la aorta y realizar pequeños movimientos de inclinación hasta obtener la bifurcación característica.
Un truco para no olvidarlo
Cuando explico esta imagen durante una formación siempre digo lo mismo:
«Si encuentras la gaviota, ya sabes dónde estás.»
En ese momento has localizado el tronco celíaco, sabes dónde nacen la arteria hepática común y la arteria esplénica, has identificado la aorta abdominal, la vena cava inferior y la columna vertebral, y dispones de una referencia anatómica excelente para continuar explorando el resto de los grandes vasos del abdomen.
Y ese es, precisamente, el verdadero valor del signo de la gaviota.
No se trata únicamente de reconocer una imagen llamativa. Se trata de comprender la anatomía, orientarse con rapidez durante la exploración y convertir una imagen ecográfica compleja en un mapa anatómico perfectamente organizado.
Cuando el ecografista deja de buscar vasos aislados y comienza a interpretar la relación espacial entre el hígado, la aorta, la vena cava inferior, el tronco celíaco, la arteria hepática común y la arteria esplénica, la exploración cambia por completo. Ese es el momento en el que la anatomía deja de memorizarse y empieza realmente a entenderse.


































